Un cuento para Campanilla, hermana de sus hermanos

Introducción al cuento:

Fénix es un Vulcan Rider de la VRA Spain, Chapter 34. Y Campanilla es su compañera y, además, la ‘Artillera’ de la moto FÉNIX, una gran máquina Kawasaki muy roja y muy negra a cuyo lado (mejor dicho, unas veces delante y otras detrás según las reglas de la formación de ese día) es siempre un privilegiado honor iniciar y afrontar la ruta. La FÉNIX es una Vulcan VN 1500 Classic Tourer FI y es la hermana “mayor” de mi Vulcan S mientras que Campanilla y Fénix son mis hermanos “menores” en la VRAS.

Nos gusta la ciencia ficción -entre otras lecturas- y de vez en cuando escribimos reinterpretaciones del universo, del tiempo y sobre nuestro pequeño mundo y los raros sucesos que ocurren en él. Cierto es que otras veces hemos escrito para soltar algún sopapo a algún meritocrático ‘opositor de sopapos necesitado’. Y en ocasiones yo le he defendido y él me ha defendido. Y hasta en alguna en ocasión nos tuvimos que defender espalda contra espalda de una horda de lanzadores de flechas que manifestaron no tener demasiados vínculos sociales, culturales y espirituales con nosotros dos. Ocurrió en el anómalo y extraño suceso “Dos Cabalgan Juntos” que se consignó debidamente en el “Libro Registro de Leyendas” de los Riders. En la presente época el Gran Guardian del Libro es … Fénix. Y él autoriza o no autoriza, otorga o niega, como es lógico y su deber. De él mismo he obtenido la autorización para publicar todo lo que os traigo aquí. No ha sido ni trivial ni fácil.

Sigamos.

Fénix es también el hermano que proclama al/la “Herman@ del Mes de los Riders”. Del mes o del ciclo espacio-temporal que sea: el planeta Rider tiene rotación variable, como Júpiter y los gigantes gaseosos, y en ocasiones los cómputos no son correlativos a la línea temporal a la que estamos acostumbrados según la biología; el fenómeno afecta a nuestros biorritmos y, unido al hecho de que llevamos muchísimas horas la cabeza dentro del yelmo -bastante más que la media- , nos hace perder el efímero pelo del cuero cabelludo, lo que se convierte en una de nuestras señas de identidad y nos confiere un aspecto honorable. Dentro de miles de años las más audaces hipótesis de Darwin nos liberarán de toda materia efímera y disfuncional al fin y al cabo.
Por fin y en el ciclo correspondiente, Campanilla fue proclamada “Hermana del Mes”; y alcanzó ese Honor antes que muchos de nosotros, poco tiempo antes de lo que llamamos verano o estío. Una proclamación así merecía escribir una historia (se dan en el éter muchas más alineaciones astronómicas heterodoxas y extravagantes que “Hermanos del Mes” hay cabalgando por el planeta). Los Riders festejamos los acontecimientos extraordinarios.

Hay rumores muy herméticos de que se están escribiendo las claves ocultas de la historia, un “making off” del relato. El relato desde fuera del relato. No os lo puedo garantizar y tampoco si Fénix autorizará su publicación fuera de las fronteras del “imaginarium” de los Riders… si es que existiera esa narración.

Sí se sabe que parte de la historia ocurrió al sur de Marruecos -territorios que exploran Campanilla y Fénix para ofrecernos su cartografía- y que otra parte ocurrirá también allí. De aquí a algún tiempo. Bastante menos del que te tomará leer lo siguiente:

“Un cuento para Campanilla”

cuento-motero

 El robot Rider detuvo en seco su moto de arena, devorando en el antimovimiento varios terajulios. En el momento de velocidad cero, catapultó su brazo derecho…subió firme sin que le afectasen las poderosas fuerzas “g” creadas durante la brusca frenada; el brazo se levantó más de tres metros sobre su cabeza mientras la palma de la mano completamente abierta giraba 227.8 grados y quedó parada en un punto calculado del espacio aconsejado por el ordenador de telemetría, la TPU. Menos de un segundo después, la mano capturó al extraño y pequeño objeto que llevaba varias horas volando siguiendo su surco en la arena y desde antes del anochecer. La mano había interceptado limpiamente su trayectoria y la TPU susurró un binario ¡acerté! al robot Rider a través del cable sináptico redundante, usado para los mensajes fuera de protocolo.

 El Robot Rider no contestó y descabalgó; se sacudió, dando muy poco elegantes saltos, bastantes kilos de arena de encima al tiempo que observaba cómo la moto estaba enterrada hasta el chasis del reactor. Se percibían rastros químicos de silicatos fundidos y cristalizados. Su brazo se replegó hasta su dimensión operativa normal y dedicó ahora toda la atención a su mano derecha. Decididamente, no había visto nunca nada igual. No entendía aquella forma fosforescente que parecía vibrar a una frecuencia incómoda para la armonía de todas las cosas. Siguió observando y pensó (el robot Rider era muy proclive a la meditación) que esa cosa realmente quería escapar de su mano. Ningún patrón reconocido en el tanque de datos. ¿Ectoplasma pero tangible?
Los mecanismos de la mano se adaptaron a la forma de la cosa para inmovilizarla pero sin aplastarla.  Levantó la mano a la altura de sus sensores.

 —Atención, el sistema se está moviendo. No se mueva, por favor. Iniciando exploración…Explorando…Exploración finalizada.

 —Por favor, siga las instrucciones de nuestro staff. —dijo el software. Robot Rider se sorprendió y pensó: este programa OP del scanner no ha sido actualizado por lo menos desde hace cinco o seis mil años … bueno, tal vez más, es la primera vez que lo uso. ¡A trabajar!

 Introdujo la cosa en una alforja. Levantó sin esfuerzo aparente las tres toneladas de peso de la moto de arena y la depositó suavemente a varios metros del cráter. De la otra alforja sacó un montón de piezas que en pocos segundos formaron una antena de comunicaciones. Al robot Rider le gustaba rutear en solitario, de noche y, sobre todo, en silencio y sin tener que atender millones de conversaciones, muchas de ellas vacías y sin sentido. ÉL era muy proclive a la meditación y prefería permanecer incomunicado.

 Levantó la mirada sobre el horizonte del desierto y buscó a SadalMelik dentro del esquema estelar del Aguador. Allí estaba, cerca del anillo de basura espacial: HighWay Star, el satélite de comunicaciones de los Riders. Tras enfocar la antena y adquirir el satélite, mandó toda la información pendiente desde la anterior transmisión. Toda.
La transmisión de retorno no tardó mucho.

 —Hermano Moon-Watcher, ven. Es muy importante. Mantente a la escucha. —Decía, imperativamente.

 El Hermano Moon-Watcher contempló el satélite y, después, la antena, pensativo. Amanecía ya cuando el Robot Rider arrancó la mastodóntica moto de arena y desapareció en dirección al Gran Erg de Arena en el desierto profundo, siguiendo al gran rayo verde. Las langostas de arena, aliviadas, reptaron fuera de sus escondrijos.

 Dos días después, el Robot Rider rodaba lentamente su moto a través del oscuro y solitario Gran Salón de la Alcazaba Capitular de los Riders. Colores y formas se dejaron ver por la acción de los faros. El milenario y monumental tapiz del Salón mostraba un amarillento y casi ilegible “212” sobre un fondo gris que una vez fue negro. Giró hacia Biblioteca, donde había sido convocado, y detuvo su moto, en esta ocasión con suavidad y delicadeza. Una luz tenue daba un tono de calidez a toda la estancia. En su mano llevaba una pequeña jaula que había soldado usando las partes más nobles de la antena de comunicaciones resolviendo dos problemas: tener controlado al cada vez más inquieto ser fosforescente y eludir interferencias e influencias externas desde el espectro. Pero el espectro nunca está ocioso; en una zona indeterminada de los 2.6 gigahercios, el Rider escuchó un efusivo “Bienvenido al hogar, Hermano Moon-Watcher”.

 Sus microondas replicaron —Gracias, Hermano HeisenBug— y colgó con delicadeza la jaula en el manillar de aceleración: el ritual del abrazo entre los Robots Riders nunca está exento de crujidos, arcos voltaicos, chispazos electrostáticos y, en alguna ocasión, peligrosas radiaciones ionizantes.

 —HeisenBug: Dame al SER, por favor.

 Moon-Watcher se dirigió a la moto, para obedecer al Presidente.

 —¿Sabías que has encontrado a Campanilla? —exclamó —¡El mayor hallazgo científico desde que se descubrió que el Gran Peñasco que asoló la antigua Europa era en realidad un gran bloque de hielo y no el asteroide PeñaRok! Pero, Humm ¿Uh? ¡eh! ¿qué haces Hermano? ¡Detente!

 Moon-Watcher detuvo los electrodos de su soldador e interrumpió dubitativo y sorprendido la compleja acción de fusionar la jaula contra la parte más baja de su moto, junto a las sondas detectoras de langostas de arena. Se irguió y quitó de la jaula algunos diminutos escombros de titanio.

 —¡NO ES UNA Campanilla! ¡¡ ES CAM-PA-NI-LLA!— le dijo sílaba a sílaba HeisenBug haciendo aspavientos con los brazos. Dejó de hacer aspavientos y prosiguió con el discurso.

 —Es más, es LA HERMANA CAMPANILLA, Artillera de la Fénix, Vulcan Rider y Lady Vulcan Rider. Figura en el Libro Registro de Leyendas y en el Registro De Herman@s Del Mes desde hace noventa mil años. Los datos del scan de tu transmisión concuerdan con los Registros. El SER está vivo, lleva su parche del Capítulo 34 y su galleta con el nick. El análisis espectrográfico así lo dice.

 —¿Hermana? ¿Rider? ¿Vulcan? ¿Fénix? ¿34? ¿galleta? —Moon-Watcher no salía de su asombro ante tanta información y concepto nuevo.

 —Ah…vosotros, recién salidos del Horno de montaje, dedicáis vuestro tiempo a vagar por el desierto para cazar langostas de arena y leer esas estúpidas novelas de ciencia-ficción en lugar de estudiar las Tablas, los Anales y los Registros. —Se lamentó HeisenBug.

 —¿ Qué diferencia hay? —preguntó. —La “Gran Cronología Del Salto Desde La Célula Humana al Hardware y al Software” del Hermano Rutherfordio es pura ciencia-ficción. ¿Qué nosotros venimos de algo biológico y que éramos primos de las langostas de arena ! —gritó mientras se reía.

 —0,1,2,3,4,5,6,7 —Contaba HeisenBug.

 —Además, hace unos cuatro mil años que acabé de leer todas las novelas. TODAS. No hay más. Me dedico a pensar y a explorar —Se defendió.

 —65534, 65535, 65536, 65537 — Seguía HeisenBug con los números. —¿Has terminado? Dame al SER, por favor.

 Moon-Watcher ofreció la jaula al Presidente y preguntó: —¿Hallazgo científico?

 —Campanilla lleva más de noventa mil años volando por el planeta y es un ser único en su clase. Única.  —Aseguró HeisenBug.

 —¿Cómo es que es ahora la primera vez que ha sido vista? —Dudaba —¡Y capturada! —exclamó con dudas.

 —No puedo saberlo. Hay que liberarla, es una Hermana. —Heisenbug desarmó la jaula. El SER llamado Campanilla se elevó y se mantuvo flotando suspendido sobre la moto de Moon-Watcher.

 —Bueno, Presidente…dile algo. No entiendo cómo no ha huido al desierto. —Pidió Moon-Watcher

 —Yo creo que percibe que se halla entre Hermanos. No creo que podamos comunicar con ella. En su época, la comunicación se producía por la vibración de las ondas sónicas atravesando fluidos. Muy primitivo. No podemos simularlo ahora mismo. Necesitaríamos al Hermano Físico KromKrom Marauder para intentar algo. Pero todos saben que se desvaneció en el éter al intentar probar que el teletransporte temporal es posible. —Dijo HeisenBug.
Moon-Watcher subió a su moto y rodó en circulos concéntricos, lentamente. Campanilla siguió el movimiento.

 —No entiendo nada. Me sigue tal y como pasó en el primer día. Esto no tiene lógica. —Observó Moon-Watcher.

 —Ummm…curioso. —Dijo HeisenBug. —Si Campanilla te sigue, será por algo. No sabemos qué es ese algo. Habrá que investigar ese algo. Por tanto, tendrás que iniciar una Gran Ruta Inquisitorial del Algo o Hacia Algo. Cuando apareció desmontado el Hermano FlushPrivileges en mitad de su jaima, el punto de partida lógico fue plantear el enunciado “X ha desmontado a Flush”. De no ser así, habría sido imposible iniciar la investigación.

 —Tu lógica es implacabe e inflexible. Sugiero partir ya. —Le contestó Moon-Watcher. —El problema es que ignoro cómo comenzar el viaje, en qué dirección y rumbo…soy joven e inexperto. Si me preguntas qué hacer, no sabría decirlo.

 HeisenBug dudó. —Yo no sabría decirlo. Pero todo indica que deberás dirigirte al noroeste e intentar franquear el Gran Cañón de Gibraltar para llegar a los lugares que fueron el hogar del antiguo Capítulo 34. El mar todavía tiene una anchura allí de mil trescientos metros y el Gran Cañón es infranqueable para tu moto. Deberás encontrar la entrada al túnel que lo atraviesa por debajo y que llega hasta el borde sur del desierto Europeo. Si hay alguna explicación, la encontrarás allí. ¡Ah… te envidio!

 Campanilla comenzó un vuelo frenético, en zig-zag. Su fosforescencia pasó del verde abisal al amarillo flamígero. E Intermitente.

 —¡Por Krom! —Exclamó Moon-Watcher mirándola.

 Una grieta rasgó el suelo de la Biblioteca y un geyser de arena ascendió violento hasta el techo. Todo temblaba.

 —¡Por Krom! —Repitió HeisenBug.

 Entre la polvareda y los remolinos de arena pudieron ver la oleada de langostas de arena que invadía la Biblioteca. Un grupo de ellas ya estaba remolcando la moto de Moon-Watcher hacia el abismo mientras que las demás se lanzaban en caótica formación contra los tres Riders. Campanilla disparaba rayos amarillos y verdes y grises miembros amputados de langosta comenzaron a amontonarse en el suelo. Moon-Watcher y Heisenbug, asombrados y salpicados por extraños fluidos, tardaron en reaccionar. Cargaron contra el incesante flujo de langostas. El combate era cuerpo a cuerpo. Las cuchillas de las langostas buscaban los huecos de las corazas, cortando cables y conductos hidráulicos…Los dos robots no tenían espacio para maniobrar. El techo de la Biblioteca se abrió. Comenzó una lluvia de cascotes y más langostas de arena. Estaban absolutamente desbordados. Pero un resplandor amarillo lo inundó todo. Y el resplandor se volvió blanco. Y…

 —¡Eh! ¡Eh! ¡Despierta! —Dijo Campanilla.
El Hermano Fénix se incorporó sobre el sillón de la Fénix con un gran dolor de cuello. Fin de la siesta al borde del desierto.

 —¿Un mal sueño…? — Preguntó Campanilla.

 —Yo diría que sí. Pero no sabría decirlo.

 —¿Qué has soñado, pillín?

 —No recuerdo nada. Pero algo pasaba y me salvabas. Eso ha estado muy bien. —Le contestó Fénix, poniendo sonrisa de Rider encantador.

 —Mmmm…yo…he tenido una pesadilla muy extraña. No encontraba tu moto ni a ti por esas dunas que hay en este oasis. ¡Urgh! creo que nos ha sentado mal la langosta.